Es un dispositivo nacional que permite controlar esta plaga algodonera y representa una innovación simple, de bajo costo y ambientalmente segura.

Con T.O.M.I., se captura hasta el 70 % de los picudos

El desarrollo del INTA obtuvo la patente en la Argentina y en Colombia.
Publicado el 12/07/2016 en Informes técnicos
Por Primicias Rurales



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https://youtu.be/tNh1GUKVVdk

 Considerada una de las plagas más importantes del algodón en América, el picudo fue detectado por primera vez en la Argentina en 1993 y, desde entonces, se extendió a gran parte de la región algodonera del país. Para su monitoreo y control, técnicos del INTA Sáenz Peña –Chaco– desarrollaron un dispositivo nacional de captura masiva para su observación y control a base de feromonas. Una innovación sencilla de construir, de bajo costo y ambientalmente segura. El logro obtuvo la patente en la Argentina y en Colombia.

De acuerdo con Ivan Bonacic Kresic –técnico del INTA Sáenz Peña y creador de la innovación– la nueva trampa de observación mata insectos (T.O.M.I.) desarrollada con materiales nacionales “tiene un costo bajo y es muy efectiva con una capacidad de captura de picudos que alcanza el 68,9 % respecto a las trampas de cono importadas de Estados Unidos”.

Entre las numerosas ventajas de la innovación, Bonacic subrayó que es “ambientalmente segura” ya que el abrojo impregnado de veneno se encuentra dentro de la trampa y fuera del alcance de niños, animales de granja y otros insectos benéficos. Así, se reduce la utilización masiva de insecticidas y favorece el equilibrio biológico natural.

Asimismo, el técnico destacó la simpleza del diseño: “Cada productor puede construir la propia y sustituir, así, las trampas importadas. Sólo se necesitan muy pocos materiales de plomería –un metro de caño de polipropileno, una cupla, un buje reducción, un tapón y un taladro– y algunas botellas de plástico descartables”.

El logro del INTA obtuvo su patente de invención en la Argentina y en Colombia por lo que actualmente los especialistas trabajan en su fabricación industrial y en la elaboración de un protocolo para el correcto y eficiente uso de la trampa en condiciones de cultivos comerciales.

La estructura de la trampa es de plástico y consta de tres piezas desmontables: un tubo central que se une a un cono con contratapa, una tapa o cubierta y un vaso cilíndrico con tapón.

Cuando vale hacer trampa

El picudo algodonero (Anthonomus grandis Boh) es un insecto que se alimenta de los pimpollos de las plantas de algodón y provoca, así, grandes pérdidas económicas al sector. Su gran capacidad de reproducción, corto ciclo biológico y una excelente sobrevivencia exige una adaptabilidad del productor y un manejo de plagas avanzado, como la T.O.M.I..

Se trata de una trampa colorida y cebada con una feromona sintética (Grandlure) que atrae al picudo y conducido hacia un dispositivo de captura masiva diseñada para su detección, monitoreo y control. Una vez dentro, el insecto queda atrapado en el cilindro colector, donde entra en contacto con un insecticida y muere.

La estructura de la trampa es de plástico y consta de tres piezas desmontables: un tubo central que se une a un cono con contratapa, una tapa o cubierta y un vaso cilíndrico con tapón.

El cuerpo central del dispositivo tiene perforaciones por donde emanan las feromonas, mientras que en el vástago central se encuentran las ranuras por donde ingresan los insectos. En el interior de la cámara de captura se encuentra el surtidor de insecticida que actúa por contacto.

Todos contra el picudo: un objetivo renovado

A principios de 2016, las principales provincias algodoneras –Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe y Formosa– renovaron por tres años un convenio de vinculación tecnológica –firmado con el INTA en 2009– con el objetivo de generar conocimientos y tecnologías para el control del picudo algodonero.

Entre los logros obtenidos hasta el momento se destacan la selección de aislamientos nativos de hongos entomopatógenos virulentos y efectivos para el picudo. Este desarrollo permitirá disponer de bioinsecticidas para mitigar el impacto ambiental en el control de plagas.

Otra línea de trabajo es el desarrollo de metodología para la transformación genética del algodón, técnica que admitirá modificar genéticamente a las plantas confiriéndole resistencia a plagas, herbicidas, salinidad, sequía o cualquier otra característica deseable.

Asimismo, la inducción al silenciamiento génico es otra de las líneas encaradas desde el acuerdo. Esta tecnología es una de las mayores innovaciones a nivel mundial, aplicándosela también en investigaciones relacionadas a la salud humana.  

Primicias Rurales

Fuente: INTA informa

 

 

Noticia publicada el 12/07/2016 a las 17:58
Última modificación: 12/07/2016 a las 17:58


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