Por Mariano Balestra

Desempeño de la cosecha agrícola argentina 2016-2017

Las últimas lluvias registradas en las zonas productivas de la provincia de Buenos Aires, La Pampa y el sureste santafesino, ponen en riesgo la siembra de la cosecha gruesa.
Publicado el 02/10/2017 en Columnas
Por Primicias Rurales



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   Buenos Aires, 30 septiembre (Especial para NA, por Mariano Balestra*) -- Las últimas lluvias registradas en las zonas productivas de la provincia de Buenos Aires, La Pampa y el sureste santafesino, ponen en riesgo la siembra de la cosecha gruesa.
   Desde el propio Ministerio de Agroindustria se afirma que son más de 5 millones las hectáreas inundadas, con el impacto negativo que ello implica para la producción agropecuaria argentina.
   Esta situación, inesperada e imprevisible, se dio después de las primeras cosechas de este año que certificaron el cambio de tendencia producido en el sector a partir del cambio de Gobierno y que, de alguna manera, ahora se ve afectado por el impacto climático.
   No obstante este problema coyuntural, el potencial de crecimiento agropecuario del país sigue siendo muy importante. En el paper de KPMG Argentina "Inversiones en el sector agrícola" (KPMG, julio 2017), se afirmó que según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Argentina ocupa el cuarto lugar en el ranking de países con mayor superficie de tierra cultivable.
   Según el organismo, el país tiene casi una hectárea per cápita y se ubica como un importante productor de cultivos a nivel global, posicionándose de esta manera como uno de los países con mejores perspectivas de inversión y desarrollo en lo referente a agronegocios.
   Asimismo, y entre otras medidas adoptadas recientemente por el gobierno nacional, se destacan la eliminación de las retenciones a la exportación de trigo, girasol y maíz, como así también la reducción en 5 puntos del gravamen a la soja, que pasó de un 35% a un 30%; un ajuste que, de aquí en más, se repetirá anualmente hasta su total eliminación, fomentando así el crecimiento de la producción agrícola nacional de cara al futuro. 
   En este sentido, es importante recordar que la balanza comercial argentina pasó de terminar el 2015 con un déficit de alrededor de US$ 3.000 millones (debido en gran parte a la caída en el precio de las commodities y al contexto internacional desfavorable para el comercio de alimentos), a cerrar el 2016 con un superávit de US$ 2100 millones, con exportaciones que superaron los US$ 57.600 millones (un 1,5% por encima de las alcanzadas en 2015), de las cuales los productos primarios del agro representaron el 25% y las MOA el 40%.
   De esta manera, si bien existió una mejora sustancial entre 2015 y 2016, fuentes del sector destacan que, para alcanzar un desarrollo sostenible, se necesitaría un superávit de comercio exterior de alrededor de US$ 12.000 millones, lo que evidencia los varios aspectos a mejorar en materia de inversiones y productividad.
   Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), en el período 2015/2016, se observó un leve descenso en la producción de algunos cultivos como la soja y el trigo. No obstante, su productividad en relación con la superficie sembrada (el "rinde") se mantuvo en valores similares, e incluso aumentó significativamente en el caso del maíz.
   Teniendo en cuenta que la cantidad de hectáreas sembradas en cada caso no registró grandes cambios en ese período (aunque hubo cierta merma en los casos del trigo y la soja), sí se detectó un incremento en la producción final de maíz (de 33,8 millones a 39,8 millones de toneladas).
   En tanto, la producción de trigo y soja cayó en 2,63 y 2,60 millones de toneladas respectivamente en mismo período. La última cosecha, por su parte, profundizó la tendencia creciente en la producción de maíz, en tanto que refundó las de trigo y soja: mientras que para el maíz se destinaron casi 1 millón de hectáreas más que en la campaña anterior (llegando a un total de 7,95 millones de hectáreas).
   Para el trigo casi 2 millones más (ya que pasó de 4,37 millones a 6,36 millones de hectáreas), la superficie de tierra sembrada con soja disminuyó en más de 1,7 millones de hectáreas, pasando de 20,5 millones a 18,75 millones.
   Esta decisión productiva del sector permitió que las cosechas de maíz y trigo alcanzaran registros históricos en la última cosecha (47,5 y 18,3 millones de toneladas, respectivamente), mientras que la soja experimentó un leve descenso (pasando de 58,8 millones a 57 millones de toneladas).
   Sin embargo, y a pesar de este nuevo resurgimiento del sector agrícola argentino, no debe pasarse por alto el freno indiscutible que supone la caída de los precios internacionales de las commodities en el mercado externo, cuyo impacto en las decisiones de producción estratégica de los principales actores de la industria es innegable.
   Según datos del Banco Mundial, el precio del grano de soja pasó de rondar un promedio de US$492 la tonelada en 2014, a caer estrepitosamente a US$390 en 2015, finalizando con un leve repunte durante 2016 en valores cercanos a los US$406.
   Durante 2017, sin embargo, la tendencia parecería continuar a la baja, con un precio que alcanzó una media de US$ 402 la tonelada en el primer semestre, circunstancia que, sumada al arancel que aún pesa sobre la exportación de este tipo de cultivos, puede explicar, en comparación al boom observado en otras commodities como el trigo y el maíz, la merma en el desempeño local de la soja en la última cosecha.
   Si bien el precio del maíz no mostró caídas tan abruptas como la soja en los últimos años, sí puede decirse que, como ésta, observa una tendencia bajista: entre 2014 y 2016 pasó de un promedio de US$193/tn. a US$160/tn, en tanto que para los primeros seis meses de 2017 la tendencia pareciera mantenerse más o menos en los valores de 2016 (US$ 159/tn.).
   En este caso, la eliminación de las retenciones jugó un rol determinante que permitió al sector suplir con mayor producción de este cultivo el margen de ganancia que se hubiera perdido con la caída de los precios.
   Algo similar ocurrió con el trigo que, si bien arrastraba desde 2015 una tendencia a la baja en su precio (pasando de US$265/tn.
  en 2014 a un promedio de US$205/tn. en 2015 y US$171/tn. en 2016), logró revertir levemente la misma durante el primer semestre de 2017 manteniendo el valor de 2016.
   Ello, sumado a la quita de los aranceles a la exportación, explica, como en el caso del maíz, el aumento inédito en la producción de este grano; significando un impulso de gran magnitud para el sector agrícola nacional.
   En base a los resultados observados en la última cosecha, y esperando superar pronto el problema que plantean las inundaciones sobre gran parte de la zona más productiva del país, las perspectivas del sector durante las próximas temporadas deberían ser favorables, más aún si son apalancadas por el diseño de políticas económicas a nivel nacional que ubiquen al productor agrícola como una prioridad, y permitan que las variables independientes del negocio, tal el caso de los precios internacionales, no afecten negativamente la rentabilidad de esta importante industria.
  
 (*) Vice Director Ejecutivo, socio de Auditoría y líder de Agronegocios 
 
NA
PRIMICIAS RURALES

Noticia publicada el 30/09/2017 a las 20:36
Última modificación: 01/10/2017 a las 23:57


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