Investigadores del CONICET descubrieron proteínas hábiles para reducir los hongos que crecen en las cosechas de la provincia.

Levaduras “killer”: alternativas ecológicas al uso de agroquímicos en la cosecha del limón en Tucumán

Porque Tucumán es una de las principales productoras de limón: con una producción anual que supera el millón de toneladas, representa el 90% de la producción del cítrico en Argentina y el 30% a escala mundial.
Publicado el 15/06/2017 en Especial
Por Primicias Rurales



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 Tienen un nombre temible pero en realidad, son mucho más buenas de lo pensado. Los científicos de la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI, CONICET) las bautizaron levaduras Killer, pero son levaduras que podrían sustituir a los agroquímicos para combatir las plagas que suelen atacar a la cosecha de limones en Tucumán.

Porque Tucumán es una de las principales productoras de limón: con una producción anual que supera el millón de toneladas, representa el 90% de la producción del cítrico en Argentina y el 30% a escala mundial. Ahora bien: en el período post-cosecha, los limones son el blanco común de enfermedades, principalmente fúngicas, que deterioran rápidamente el fruto y generan pérdidas que impactan en la industria citrícola.

Dentro de esos agentes fitopatógenos que afectan al limón, se destaca el Penicillium digitatum, que produce una enfermedad denominada “podredumbre verde” –porque el limón afectado se recubre del hongo y adquiere una coloración verde oliva intensa-. Y otro patógeno de importancia es el Penicillium italicum –o “moho azúl“, que puede ingresar y afectar al fruto por heridas, y también puede enfermarlo severamente-.

Los descubridores

“Con el objetivo de generar una alternativa al uso de fungicidas sintéticos y así evitar las consecuencias negativas que producen, buscamos un agente biológico que pudiera batallar contra las enfermedades post-cosecha producidas por hongos de una manera eficiente y sustentable”, sostuvo en referencia al desarrollo, el doctor en Ciencias Biológicas e investigador del PROIMI, Julián Dib.

Dib fue uno de los investigadores que, sabiendo del conocimiento de la existencia de estas levaduras y sus posibles usos como agentes de biocontrol, iniciaron la búsqueda de las Killer (propias de la zona citrícola de Tucumán), usando protocolos específicos de laboratorio.

En este proceso se aislaron más de 400 levaduras, que fueron caracterizadas posteriormente en los laboratorios del instituto en base a su capacidad de inhibir Penicillium digitatum y su capacidad Killer. Con las mejores candidatas de las etapas “in vitro” se siguió una etapa de ensayos “in vivo” (utilizando frutas infectadas con el hongo), para determinar su eficiencia en la protección del fruto.

“Actualmente estamos trabajando con tres cepas que presentaron niveles de protección superiores al 90%. Pero además, las levaduras demostraron que pueden preservar la fruta por períodos de hasta 40 días en frío, demora que tiene el limón en exportarse y llegar- vía marítima- al mercado europeo y asiático desde nuestro país”, destaca Dib. De esta manera, aclara que que la intervención de las levaduras killer está pensada para incluirse en la etapa de empaque de la fruta, antes de la comercialización.

Por otra parte, María Florencia Pérez, becaria doctoral del PROIMI, explica que las cepas, que fueron obtenidas a partir de cítricos locales, son componentes comunes de la microflora natural ubicada en la superficie de los frutos. “En sí, el bioproducto que estamos generando proviene de la misma planta. Eso significa que estos organismos nativos tienen ciertas ventajas adaptativas sobre nuestros limones en comparación a cualquier otro producto biológico foráneo que posea características similares”. Y subraya que las levaduras tienen requerimientos nutricionales simples, ya que pueden crecer rápidamente en fermentadores utilizando sustratos económicos, lo que permite producirlas fácilmente y a gran escala.

Un mapa de soluciones posibles

Para entender la importancia de este descubrimiento, vale la pena un breve repaso: ¿qué son los agroquímicos? Sustancias que se utilizan con el objetivo de optimizar el rendimiento de una explotación agrícola. Dichos productos suelen utilizarse para luchar contra las plagas que afectan los cultivos y para favorecer un crecimiento más rápido de las plantas. En otras palabras, los agroquímicos son empleados para mejorar la eficiencia de la producción y cuidar la sanidad de los campos y las frutas. De acuerdo a las plagas que combaten, los plaguicidas pueden dividirse en fungicidas (eliminan hongos), bactericidas (bacterias) e insecticidas (insectos).

En la actualidad, para prevenir enfermedades post-cosecha por hongos se emplean fungicidas como el Tiabendazol o Imazalil. Sin embargo, a pesar de la eficacia que tienen para controlar y contrarrestar estas patologías, el inconveniente reside en que cada vez existe un mayor número de cepas fúngicas resistentes a su uso. Incluso, se han generado barreras comerciales de restricción por parte de los mercados internacionales debido a los efectos adversos y al impacto negativo que tienen sobre la salud humana y el medio ambiente.

En este marco, la alternativa sustentable de las levaduras Killer se dibuja como una solución amigable con el medio ambiente. ¿Qué son las levaduras? Organismos eucariotas clasificados como hongos, importantes por su capacidad para realizar la descomposición mediante fermentación de diversos compuestos orgánicos. Además, estos organismos “nobles” se han empleado durante milenios en la industria alimentaria para la producción de pan, vino y cerveza, por ejemplo.

Particularmente, las levaduras Killer son organismos capaces de producir y secretar toxinas killer, que son proteínas o glicoproteínas con la habilidad de inducir específicamente la muerte de otras células microbianas, tales como los hongos filamentosos. Es decir que, a través de ellas, se podría reemplazar parcial o totalmente el uso de agroquímicos para combatir los hongos del limón.

La investigación liderada por el doctor Julián Rafael Dib fue posible gracias a la colaboración que tiene PROIMI con la citrícola San Miguel, ubicada en Tucumán, y fue resuelto a través de un convenio conjunto de Investigación y Desarrollo (I+D) con la citrícola. Además, los profesionales del PROIMI reciben asistencia de la Universidad Tecnológica de Malasia (UTM), a través de un proyecto conjunto que impulsa el uso de este producto. Conforma además el equipo de trabajo las licenciadas María Florencia Pérez y Ana Sofía Isas, y la tesista de grado Julia Pérez Ibarreche, todos integrantes del instituto. Y por el lado de la cítricola, la Ing. Jacqueline Ramallo y la Lic. Milena Sepúlveda  

Primicias Rurales

Fuente: CONICET


Noticia publicada el 15/06/2017 a las 12:36
Última modificación: 15/06/2017 a las 12:37


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