Cocina que enamora: por qué los argentinos consideran que preparar un buen plato es una verdadera green flag (Foto: Adobe Stock)

Buenos Aires, martes 4 marzo (PR/25) — Daniela y Ezequiel se habían visto en un cumpleaños y se quedaron charlando toda la noche. Con conocidos en común, fue totalmente natural que él la invitara a cenar a su casa a la semana. “Llegué y había cocinado. Eso me impactó positivamente, pero había hecho un plato con langostinos, que yo creía que no me gustaban. Pero desde ese día son unos de mis gustos favoritos”, se ríe la entonces agasajada. Lo cierto es que esa receta fue la celestina ideal para una pareja que lleva más de una década de convivencia.

Con apps, del modo tradicional y hasta en citas a ciegas, los solteros y solteras aseguran que un encuentro en el que interviene la comida tiene una mayor garantía de éxito a futuro. Es que el 81,9% de los solteros argentinos de entre 18 y 35 años asegura que la cocina es la green flag (bandera verde, es decir, un rasgo positivo) por excelencia. Incluso, el 61,1% dijo tener más probabilidades de conectar con alguien en una app de citas si demuestra interés o habilidad culinaria.

Estos datos salen de una encuesta realizada por Knorr, mediante la que también detectaron que uno de cada tres encuestados afirma que no consideraría salir con alguien que no sepa cocinar.

La psicóloga Beatriz Goldberg recuerda que la comida está relacionada con la oralidad que se da en los primeros años de vida, muy relacionada al afecto. Por eso, muchas veces recurrimos a la comida o algún sustituto en momentos de estrés.

“Si es el hombre el que cocina, también en la mujer, pero más en los varones, es algo que da protección, invierto en vos el afecto, el tiempo. Incluso, el cocinar juntos da la idea de poder hacer algo de a dos. Es algo más afectivo que una salida tradicional, muestra que lo importante es compartir”, observa Goldberg.

Y a esto se suma el plus de la creatividad. “Da a lugar que no sea algo rutinario. Una persona que cocina muestra que no es tan rígida. Es también salir de las individualidades, es creer que se pueden hacer proyectos con el otro. Incluso, hoy proliferan los programas de comida, y ponen el foco en compartir, en cómo presentar el plato”, añade Goldberg.

Para la mayoría de las personas, las viejas recetas familiares están entre sus comidas favoritas. (Foto: Adobe Stock)
Para la mayoría de las personas, las viejas recetas familiares están entre sus comidas favoritas. (Foto: Adobe Stock)

Pero alimentarnos es algo que es parte de nuestro cotidiano. Entonces, haciendo historia, “el acto físico, fisiológico, de comer de los primeros humanoides se imponía como un hecho individual. Con el tiempo se ve cómo desde aquello que es tan básico, de comer con las manos y de un mismo recipiente se avanza hacia comer según las distintas culturas con cubiertos o palillos y con una estética refinada y donde la comida establece un espacio donde se fortalecen los lazos sociales”, explica la socióloga Mercedes Jones, directora de Proyectos del Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés (UdeSA).

De hecho, esta experta señala que “no se registran sociedades en las que sea lícito comer cualquier cosa, en cualquier sitio, con cualquiera, y en cualquier circunstancia. Por el contrario, el consumo de alimentos está sujeto a reglas y costumbres que se entrecruzan y marcan los límites de lo permitido y lo prohibido”.

Esto quiere decir que “los alimentos y las oportunidades para consumirlos se encuentran socialmente definidos. Tienen normas de cortesía y de etiqueta. Se prescriben y proscriben espacios, tiempos, horarios, modos y maneras de comer desde las comidas propuestas por grandes chefs hasta la comida callejera queda claro que hay reglas y que comer es un hecho social”, suma Jones.

Estas normas se trasladan a las citas, al proceso de conocer a otra persona. El verse frente a frente, sentados a la mesa, aporta mucha información sobre la nueva conquista: desde sus gustos hasta sus costumbres y educación.

Ahora, volviendo a la premisa de que cocinar es una green flag, ¿por qué sucede esto? Paula Kirton, Brand Manager de Knorr, opina: “Independientemente de si son hábiles o no para cocinarle a alguien, creemos que es una forma de conectar, mostrar creatividad y demostrar cuidado por los demás. El saber cocinar se lo asocia con mostrarse independientes y que es efectivo para conocer mejor a la persona ya que demuestra sus destrezas manuales”.

Los argentinos y la comida

Hay un detalle importante que resalta Jones: cuando estamos comiendo no hablamos, comemos. “Pero, la comensalidad requiere del diálogo. Somos seres sociales, entre otras cosas porque tenemos palabra para manifestarnos y relacionarnos. Comensalidad no es sólo comer en la misma mesa, requiere conversar y requiere tiempo”.

Por eso, comer rápido y mirando el celular va en contra del diálogo. “Es por lo que frente al fast food que propone comer cualquier cosa, de manera rápida y comprarla en cualquier negocio que venda algo para comer, surgió la tendencia contraria del slow food, tendencia que en Argentina la impulsaron Perla Herro y un grupo de jóvenes cocineros, como Gonzalo Bazterrica, quien insiste en que hay que tomarse tiempo para comer y cocinar; demuestra que la comida puede ser sana, rica, divertida y atractiva, y que es fundamental buscar momentos para compartirla”, detalla la socióloga de UdeSA.

Promover la sobremesa, que es algo muy típico de nuestro país. Y en esto se basó Bazterrica para fomentar el slow food. “Esto viene desde la época de los banquetes griegos, hay registro de la relevancia de la comensalidad como espacio para los intercambios significativos. En Argentina se le agrega a las comidas el bonus track de la sobremesa, el tiempo extra después del plato principal, que se dedica a continuar una buena conversación con las personas con las que se comparte la comida. Se entiende que la comida es la excusa, que estar juntos es la verdadera razón de estar en esa mesa. Cuando invitás a una persona a tu casa, a tu mesa y compartís una comida con ella, que hayas cocinado o no, definitivamente implica intimidad”, analiza Jones.

“Cocinar es, sin duda, un acto de amor que ha sido transmitido de generación en generación, de abuelas a nietos, de padres a hijos, convirtiéndose en una expresión de cuidado y afecto. La gastronomía siempre es tema de conversación. Se habla de recetas, de experiencias culinarias y del placer de cocinar para otros. En este sentido, la cocina se convierte en una herramienta de seducción, utilizada tanto por hombres como por mujeres para generar un vínculo más profundo con su pareja”, describe Quique Yafuso, socio y creador de Mixtape, Shimada y Haiku.

Además, es preciso traer a la conversación que el vínculo de la comida con las emociones es realmente antiguo. “Incluso, el conocimiento de las conexiones entre los alimentos, el placer y la erótica tiene registros ancestrales. El conocido médico griego Hipócrates prescribía miel y recomendaba beber leche y miel para inducir el amor y el éxtasis. En nuestra época los descubrimientos de las neurociencias confirman las ideas de Hipócrates y también las creencias populares, como recurrir al chocolate que produce serotonina, una sustancia química que mejora el estado de ánimo”, aporta la socióloga.

Un poco de esto habla Maxi Bartfeld, socio de Bulebar: “Un caso particular es el de una pareja que nos visita todas las semanas y siempre ordena los mismos platos, aunque varían los cócteles. Imaginamos que, además de haberse enamorado entre ellos, también encontraron en la experiencia gastronómica un punto de unión. Ese compartir en la mesa refuerza el vínculo y se convierte en parte de su historia juntos”.

“Estamos en un momento en el que las conexiones impersonales a velocidad de un algoritmo pierden relevancia cultural frente a relaciones con sentido de humanidad, donde predomina el tiempo de calidad y la cercanía a motivaciones personales”, señala Rodrigo Foussats, Head de Publicis Intelligence, firma que analiza el comportamiento de los consumidores.

La relación de las distintas generaciones con la cocina

La generación silver (integrada por los +50) es hoy foco de atracción, porque se están animando a probar y experimentar, están activos, tienen proyectos y se suman a las apps de citas con afluencia.

En este sentido, los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964) también apelan a la comida para conquistar en sus encuentros amorosos. “Esta generación tiene tiempo para cocinar y compartir con otros y la mayoría lo hace. Los millennials (nacidos entre 1977 y 1995), a su vez, tienen puntos en común con los boomers en lo que respecta a sus preferencias por compartir experiencias con la comida, el cocinar y el prestar atención a las tradiciones alimentarias”, reflexiona Jones.

Es más, “un estudio indica que a las dos generaciones les interesa el tema, tanto que el 88% de los baby boomers y el 84% de la generación Z dijeron que las viejas recetas familiares estaban entre sus comidas favoritas. Y, al mismo tiempo les interesa la innovación, ya que el 76% de los baby boomers y el 82% de los participantes de la Generación Z mostraron un gran interés en crear recetas y propuestas culinarias propias al cocinar para amigos y familiares”, refuerza Jones.

El verse frente a frente, sentados a la mesa, aporta mucha información sobre la nueva conquista: desde sus gustos hasta sus costumbres y educación. (Foto: Adobe Stock)
El verse frente a frente, sentados a la mesa, aporta mucha información sobre la nueva conquista: desde sus gustos hasta sus costumbres y educación. (Foto: Adobe Stock)

Manos a la obra

“A los solteros les recomendamos que se animen a ser auténticos y creativos en la cocina. También consideramos que compartir el proceso de cocinar, acompañado de una conversación que lleve a conocerse más, puede ser una parte divertida de una cita y una experiencia que se puede disfrutar mucho No se trata únicamente del resultado final, sino también de disfrutar cada paso del proceso, fomentando la conexión y la complicidad entre ambos”, aconseja Kirton.

Pedro Lambertini, cocinero, asegura que “cocinar es una actividad que le da placer al que cocina, y al que recibe el resultado de ese arte, que lo degusta, que lo prueba, que lo celebra. Cuando empecé a cocinar me di cuenta rápido que esto era muy valorado por los demás, entonces ocupa un rol fundamental a la hora de querer seducir o encontrar pareja”.

“Cocinar para dos es muy fácil, lo que recomiendo es tener algo preparado y una parte que esté elaborada por la persona. Un menú con el que me sedujeron a mí, a los 18 años, fue empezar con 6 piezas de sushi de entrada, de principal unas cintas caseras y de postre obligado algo de chocolate”, recuerda el cocinero.

En este sentido, según Goldberg, “quien viene de una pareja tóxica, en la que no fue valorado o querido, a veces el que alguien te cocine, o que lo hagan juntos, que puedan hacer algo creativo en pareja, entonces los hace sentir que son merecedores uno del otro. Te hace saber que vos tenés ese valor y lo demuestra”.

En todo sentido, la comida es un viaje directo a sentirse querido y protegido, dos cualidades que muchos buscan en sus parejas.

Recetas para enamorar

Pedro Lambertini ofrece recetas para una cena para dos comensales que incluye un plato principal y un postre, ideal para encarar una cita puertas adentro y causar no solo la primera mejor impresión sino también, compartir un momento agradable.

Risotto de hongos con espinaca y almendras

Ingredientes:

  • 100 gramos de arroz carnaroli/ arborio
  • Media cebolla chica
  • Medio diente de ajo
  • 30ml de vino blanco

Primicias Rurales

Fuente: Tn