Buenos Aires, 7 diciembre (PR/22) –El crecimiento demográfico de la población mundial que se registra de forma exponencial año tras año demanda la producción de más alimentos y de mejor calidad. Recientemente, el Fondo de Población de la Organización de las Naciones Unidas informó que el planeta contiene a 8.000 millones de personas; de las cuales, cerca del 10% tienen “Hambre Crónico”, es decir, no acceden a una alimentación adecuada. Pero hay más de 2.000 millones, es decir otro 25%, que tienen “Hambre Oculto”, porque no acceden a alimentos con los minerales y nutrientes necesarios para su normal crecimiento y desarrollo.
Para el desarrollo sostenible de alimentos, se requiere de un gran esfuerzo y de la aplicación de tecnología y recursos. Cuando se fertilizan las plantas, aumenta la cantidad da alimento que se puede cosechar y también mejora sustancialmente la calidad de esos alimentos cosechados, ya que los fertilizantes contienen los nutrientes esenciales que la las plantas necesitan naturalmente para crecer. Para generar un alimento nutritivo para el ser humano es necesario producir incorporando buenas prácticas agrícolas, incluyendo la alternancia de cultivos (no hacer monocultivo) y también devolver al suelo los nutrientes originales que aportó.
En Argentina, en cada rincón del país, los agricultores trabajan produciendo alimentos y cuidando el suelo de generación en generación. El suelo argentino puede producir alimentos para nuestro país y para el mundo si se asume el desafío de mantener una producción sostenible. Para esto es imperioso aplicar los nutrientes que los cultivos necesitan para su crecimiento y desarrollo.
Además, al producir más alimentos en los suelos que hoy ya están destinados a producción, evita que se utilicen con ese fin otras tierras que están en el planeta cumpliendo otra función, como, por ejemplo: reservas de biodiversidad, parques nacionales, bosques y montes, etc.
“En cada alimento de origen vegetal y animal que se produce y llega a la mesa de los consumidores, está reflejada la labor tanto del productor como el aporte de la tecnología de los fertilizantes. Nutrición mineral de cultivos significa incorporar los nutrientes mediante la fertilización”, señaló Francisco Llambías, presidente de Fertilizar Asociación Civil, organización que integran las empresas fabricantes de fertilizantes y que se dedica al relevamiento del estado de los suelos y a brindar recomendaciones de nutrición para su conservación.
Desde sus inicios, Fertilizar AC se convirtió en una entidad referente en la generación y difusión de contenido de la tecnología de la fertilización, la reposición de nutrientes, la preservación del suelo, la implementación de buenas prácticas agrícolas y el cuidado del ambiente de alta productividad. “Uno de nuestros principales objetivos es transmitirle a toda la sociedad la importancia y los beneficios de nutrir los cultivos, reponiendo nutrientes de nuestro suelo para preservar ese recurso para las futuras generaciones”, aseguró Llambías.
El sueño que Argentina sea un referente en la producción sostenible de alimentos a nivel mundial es posible. De los productos agroindustriales que dan vueltas por el mundo, 11% se producen en el país. El 24% del empleo nacional, viene del sector del campo. Si se pusieran todos los granos cosechados en Argentina en camiones, éstos darían 2 vueltas a la Tierra.
“En Fertilizar asumimos el desafío de producir más y mejores alimentos con conciencia, cuidando el suelo que trabajaron nuestros abuelos y que hoy nos ´prestan´ las futuras generaciones”, manifestó Jorge Bassi, vicepresidente de la entidad.
Sin embargo, existe un dato alarmante, en Argentina solo se devuelve al suelo el 35% de los nutrientes que se extraen de las cosechas, es decir que por una fertilización insuficiente nuestros suelos se van deteriorando año tras año. Jorge Bassi, vicepresidente Fertilizar en la presentación de “Más y Mejores Alimentos”
Nutrir para producir y producir para alimentar
Bajo todas estas premisas, Fertilizar AC presenta, con el lema “Más y Mejores Alimentos”, una nueva forma de transmitir estos conceptos de una manera sencilla a todo el público, haciendo foco en la producción sostenible de alimentos, la implementación de buenas prácticas agrícolas, el uso racional de los fertilizantes y el cuidado y conservación del suelo y del ambiente.
“Queremos dar a conocer a la población el rol clave que tiene la nutrición mineral de los cultivos en la producción de alimentos de calidad que disfrutamos cada día en nuestras mesas”, señaló Bassi.
Para obtener más y mejores alimentos es importante que los cultivos hayan estado bien nutridos, ya que las plantas requieren de nutrientes para llegar a ser alimentos y, a su vez, devolverle al suelo lo que “nos brinda”.
Las plantas necesitan 17 nutrientes minerales esenciales. El carbono y el oxígeno los reciben del aire, y el hidrógeno del agua. Los 14 restantes provienen del suelo. La falta de cualquiera de estos nutrientes en cantidades suficientes, puede afectar la salud, el crecimiento y el rendimiento de las plantas, y en consecuencia la alimentación humana.
Los fertilizantes proveen esos 14 nutrientes esenciales para las plantas complementando a los ya presentes en el suelo, permitiendo así cubrir las necesidades nutricionales de los cultivos y aumentando significativamente la cantidad y calidad de la producción.
“Ante el escenario actual de agotamiento del suelo y de la necesidad de producir más alimentos para la población mundial, la respuesta es fertilizar”, concluyó Bassi.
Para conocer más información sobre el rol de la nutrición de cultivos y la reposición de nutrientes en la producción de alimentos para toda la población, ingresar a www.fertilizar.org.ar
Acerca de Fertilizar AC Acerca de Fertilizar AC Fundada hace más 20 años, Fertilizar es una asociación civil sin fines de lucro formada por diferentes actores de la industria agropecuaria (empresas, instituciones, asociaciones de productores, universidades, entre otros), cuyo objetivo es concientizar sobre la importancia del uso racional del fertilizante y la sustentabilidad del sistema productivo, a través de la difusión de información técnico-científica adaptada a la realidad local, que explique las ventajas agronómicas y económicas del agregado balanceado de nutrientes sobre la productividad de cultivos y pasturas y sobre la fertilidad del suelo para una agricultura sustentable. www.fertilizar.org.ar
Buenos Aires, 31 octubre (PR/22) — Amauta, compañía especializada en nutrición vegetal, promueve una agricultura más eficiente y sustentable con el objetivo de proteger la tierra y su rendimiento. Por esto, ante la severa sequía que está afectando a los cultivos de todas las regiones agrícolas del país, los productos biológicos son una excelente herramienta para ayudar a la planta en situaciones de estrés.
Desde Amauta, destacaron que “Crop Amino”, un producto de origen orgánico, pensado para cultivos de invierno, como trigo y cebada, actúa vigorizando y estimulando a las plantas. “Idealmente, hay que aplicarlo días antes de un pronóstico de lluvias para conseguir la mayor eficiencia del producto”, explicó Alejandro Sartori, responsable de I+D y Marketing de Amauta, a lo que agregó que, “está aplicación estratégica, ayudará a recuperar al cultivo de dicho estrés”.
Según Sartori, cualquier cultivo que recibió una nutrición balanceada, como parte de la estrategia de fertilización, está en mejores condiciones para enfrentar una situación extrema. “El agua es la principal limitante para la producción agrícola, aunque la diferencia está en que un cultivo muy estresado por la sequía, pero bien nutrido, luego de las lluvias tenderá a recuperarse más rápido y positivamente que aquel que no lo está”, advirtió. Ante esto, se refirió a la importancia de los nutrientes y el momento estratégico de aplicación. “Gracias a un bioestimulante a base de zinc y manganeso, aplicado en el momento indicado, podemos conseguir una respuesta de recuperación rápida del cultivo porque, justamente, son micronutrientes que ayudan a la fabricación de compuestos que vigorizan a la planta”, destacó.
Para Sartori, los bioestimulantes siempre serán un complemento de la fertilización y de acuerdo a su elección es que debe esperarse la respuesta fisiológica en la planta. De esta forma, indicó que hay biosoluciones que otorgan un plus de rendimiento durante el período crítico, momento en el cual el cultivo demanda más energía y nutrientes, por lo tanto, aumentan la eficiencia y usos de los recursos. También son excelentes alternativas para aplicar bajo un estrés térmico, hídrico o por radiación.
Pensando en los cultivos de verano, próximos a implantarse, Sartori también aporta recomendaciones. “Amauta mira la nutrición de manera integral. Por ello, entre nuestros productos también contamos con un micro granulado, que se aplica en la implantación de un cultivo, y aporta fósforo, zinc y azufre. Pero, además, es un complemento de ácidos húmicos y fúlvicos que protegen al fósforo de ser adsorbido por los coloides del suelo. Así, este nutriente clave, queda disponible más tiempo para la planta”, aseguró el técnico. Además, este mismo producto contiene un zinc quelatado que reduce los riesgos de que el nutriente no quede disponible para la planta.
El manejo de los fertilizantes
“Entre las prácticas agrícolas, uno de los mayores problemas radica en la falta de diagnóstico y planificación de la nutrición”, contó Sartori y subrayó que, “considerando las 4R -fuente, dosis, momento y forma- mejoran la eficiencia de uso de los nutrientes, la actividad microbiana y retorno económico del cultivo”. “En el caso de los fertilizantes, un manejo correcto y responsable, aumentan los rendimientos de los cultivos y la sustentabilidad. Esto implica una gran cadena que comienza con la mayor producción de materia seca, un sistema radicular más desarrollado, que explora más suelo y también más fijación de carbono atmosférico. Así, habrá más carbono acumulado y disponible para la actividad microbiana”, describió. Siguiendo el proceso, el técnico citó que, de esta manera, se desencadenan múltiples procesos favorables para el agro sistema. “Con un buen diagnóstico y planificación no solo aumentaremos rendimientos, también pondremos los nutrientes necesarios para que su uso sea eficiente con el menor impacto ambiental y la mayor eficiencia en el uso de recursos”, concluyó.
Buenos Aires,20 de octubre (PR/22) . Los maíces ensilados el año pasado tras haber sido cultivados bajo estrés hídrico tienen abundantes toxinas que, al momento del suministro, no son eliminados por los “adsorbentes” tradicionales. Para aprovecharlos a full, proponen un método enzimático que biodegrada esos agentes antinutricionales y evita mermas en la eficiencia de conversión. Ciencia, clave en este año desafiante.
Pedro Sueldo.
La intensificación de la ganadería y la sequía imperante en el país han puesto sobre el tapete la creciente importancia de ciertas micotoxinas que escapan de las técnicas utilizadas tradicionalmente para mitigar sus efectos. El Ing. Agr. Pedro Sueldo, Coordinador científico de rumiantes de Vetanco, un laboratorio que desarrolla productos para la nutrición intensiva, hace una puesta a punto de los conocimientos sobre estos agentes antinutricionales y del novedoso método de control basado en la biotecnología.
“Existe el preconcepto de que las micotoxinas solo aparecen por un mal almacenamiento de los forrajes. Esto es cierto, en parte, en realidad lo que se genera por acopios inapropiados son aflatoxinas. Pero hay otro universo de toxinas (DON, Zearalenona) que provienen del Fusarium, un hongo muy difundido en los cultivos de maíz, trigo y soja. Entonces, el productor puede almacenar bien sus cosechas, pero ya lo hizo con las micotoxinas que venían del campo”, advirtió Sueldo, detallando que según FAO el 25% de las cosechas del mundo están contaminadas con este hongo.
¿Problemas para la ganadería? “En general las micotoxinas deprimen el sistema inmune del bovino y actúan sobre la flora ruminal haciendo que la utilización del alimento sea menos eficiente, con mermas de hasta 22% en la conversión. La aflatoxina, en particular, afecta el sistema hepático; la Zearalenona, el reproductivo y DON, el consumo, aunque en definitiva todas perjudican la producción”, repasó.
Además, las ‘micotoxinas del campo’ aumentaron en los últimos años en el país. Según datos de varios laboratorios, año a año, se registra una disminución de aflatoxinas porque el productor almacena mejor sus cosechas, aplicando nuevas técnicas, inoculantes y demás. Pero hay años en que los análisis de laboratorio reportan niveles altísimos de micotoxinas del campo que, precisamente, coinciden con las sequías.
¿Cómo impacta el déficit hídrico? El Fusarium está muy difundido en los cultivos, pero no siempre genera micotoxinas, solo lo hace cuando sufre estrés porque es la forma que tiene el hongo de competir. “Una de estas situaciones es la escasez de humedad. Por ejemplo, si uno analiza los silos de maíz que se abrieron este año (cultivados durante la seca del año pasado) tienen muchísimas toxinas: se registran hasta 81% de muestras positivas para DON y 73% para Zearalenona”, explicó Sueldo, anticipando que con los que se cosechen este año probablemente se repetirá la problemática.
Otro preconcepto es que los rumiantes son más resistentes a las micotoxinas que los monogástricos. “Eso también es cierto, la flora ruminal actúa como primera línea de defensa frente a algunas de esas toxinas, no todas. Pero hay que tener en cuenta que, en el feedlot, eso lo hace un rumen que procesa alta cantidad de concentrados y tiene un pH bajo. Por lo tanto, la actividad microbiana, que es la que se encarga de esa detoxificación, se ve disminuida. Es un rumen muy desafiado”, planteó.
En concreto, la intensificación de los planteos y los crecientes desafíos del clima significan una amenaza para la ganadería, que cada vez utiliza más silajes, concentrados y suplementos.
Para comerte mejor
Hay varios pasos a seguir para poder utilizar alimentos contaminados con micotoxinas del campo, además de las que pueden provenir del almacenamiento. Más allá de la rotación de cultivos y otras prácticas que permiten limitar el desarrollo del Fusarium, es necesario hacer un análisis de laboratorio de todos los ingredientes de la ración para formularla con niveles tolerables de toxicidad, diluyendo los más contaminados.
“No obstante si tengo todo el silaje comprometido y no lo puedo diluir porque se reduce la tasa de extracción y se pierde calidad, ahí entran a jugar otras herramientas”, afirmó Sueldo. En tal sentido, existen adsorbentes (Alumino-silicatos + pared de levaduras) que actúan en base al comportamiento polar de algunas micotoxinas (aflatoxinas), pero esto no ocurre con todas (DON, Zearalenona).
“Lo más novedoso llegó de la mano de la biotecnología. Detoxa Plus es un producto enzimático, muy difundido en monogástricos, y que hace tres años se lanzó para la ganadería bovina porque, como su nombre lo indica, detoxifica todas las micotoxinas”, sostuvo.
¿Diferencias? “El adsorbente actúa muy bien en las moléculas que tiene carga en superficie (aflatoxinas), se pegan, y ese complejo adsorbente-micotoxina, no puede ser absorbido por el animal, que lo termina eliminando en las bostas, pero no son eficientes frente a las otras micotoxinas. Además, no es específico, o sea, si encuentra algo que tiene una carga diferente, lo adsorbe, incluso minerales y vitaminas, que son muy importantes para la nutrición animal y corren la misma suerte”, alertó.
El producto enzimático, en cambio, “no necesita que las micotoxinas tengan carga, contiene una enzima para cada tipo de molécula (del almacenaje y del campo), con lo cual las desdobla, las biotransforma y genera compuestos no tóxicos para el bovino. No se acumula en las heces”, señaló.
Otra diferencia no menor, es que el absorbente tiene saturación, es decir, cuenta con una cantidad de cargas en superficie y esos son los sitios donde puede “secuestrar” micotoxinas. “Entonces, si hay alta contaminación, se necesita poner más para no quedamos cortos. Por el contrario, el producto enzimático, rompe una molécula, una vez que lo hizo rompe otra, o sea, su modo de acción nunca se satura. Por eso en este caso se utilizan dosis muy bajas”, subrayó Sueldo.
¿La adopción de esta tecnología? “Es un producto más caro que los absorbentes, sí, aunque cuando se compara dosis vs. dosis, es muy parecido. Desde el laboratorio, estamos más que sorprendidos, porque hace tres años las ventas para rumiantes eran cero y hoy significan el 40% del total. Eso indica que el productor se da cuenta de sus ventajas y lo está adoptando tanto en la recría como en el engorde a corral, bueno, en tambo ni hablar”, aseveró.
Para finalizar, el investigador resaltó que la biotecnología aplicada al control de micotoxinas tiene mucho futuro. “La creciente intensificación de la producción de carne y la variabilidad climática están llevando a que estas toxinas ya no sean consideradas como coyunturales sino como agentes antinutricionales de estructura”, concluyó.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne
Foto: La ecofisióloga de plantas Felicity Hayes monitorea el nivel de ozono
Buenos Aires, 22 de septiembre (PR/22) .- ABERGWYNGREGYN, Gales – La fitocientífica Felicity Hayes comprueba sus cultivos dentro de uno de los ocho minúsculos invernaderos abovedados situados en las colinas galesas. Las macetas de guisantes y papaya plantadas en primavera están frondosas y verdes, y pronto darán sus frutos.
En un invernadero vecino, esas mismas plantas parecen enfermizas y atrofiadas. El guisantes tiene un color amarillo envejecido con hojas picadas; las papayas alcanzan sólo la mitad de su altura.
La única diferencia entre las dos atmósferas de los invernaderos es la contaminación por ozono.
Hayes, que trabaja en el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido (UKCEH), está bombeando gas de ozono en distintas concentraciones en los invernaderos donde crecen los cultivos básicos africanos. Está estudiando cómo el aumento de la contaminación por ozono puede afectar al rendimiento de los cultivos -y a la seguridad alimentaria de los agricultores de subsistencia- en el mundo en desarrollo.
El ozono, un gas que se forma cuando la luz del sol y el calor interactúan con las emisiones de los combustibles fósiles, puede causar pérdidas sustanciales a los agricultores, según sugieren las investigaciones, al envejecer rápidamente los cultivos antes de que alcancen su pleno potencial de producción y disminuir la fotosíntesis, el proceso por el que las plantas convierten la luz del sol en alimentos.
El estrés por ozono también reduce las defensas de las plantas contra las plagas.
Un estudio de 2018 publicado en la revista Global Change Biology estimó que las pérdidas mundiales de trigo por la contaminación por ozono ascendieron a 24.200 millones de dólares anuales entre 2010 y 2012.
En un artículo publicado en enero en Nature Food, los investigadores contabilizaron unos 63.000 millones de dólares en pérdidas de trigo, arroz y maíz al año en la última década en Asia oriental. leer más
Los científicos están especialmente preocupados por África, que verá aumentar el tráfico de vehículos y la quema de residuos a medida que la población se duplique a mediados de siglo.
Esto significa más contaminación por ozono, un gran reto para los pequeños agricultores, que constituyen el 60% de la población del África subsahariana.
“Existe una gran preocupación por que la contaminación por ozono afecte a los rendimientos a largo plazo”, afirmó el científico Martin Moyo, del Instituto Internacional de Investigación de Cultivos para los Trópicos Semiáridos de Zimbabue.
Reclamó una “necesidad urgente de más estudios rurales para determinar las concentraciones de ozono” en todo el continente.
A principios de este año, científicos del Centro Internacional de Agricultura y Biociencia (CABI), una organización sin ánimo de lucro con sede en el Reino Unido, instalaron equipos de control del ozono en los campos de cacao y maíz de Ghana, Zambia y Kenia.
Pero la mayoría de los países africanos no tienen monitores de contaminación atmosférica fiables o consistentes, según un informe de UNICEF de 2019. Entre los que sí los tienen, pocos miden el ozono.
OZONO EN AUMENTO
En la estratosfera, el ozono protege a la Tierra de la radiación ultravioleta del sol. Más cerca de la superficie del planeta, puede dañar las plantas y los animales, incluidos los seres humanos.
Mientras que la normativa sobre la calidad del aire ha contribuido a reducir los niveles de ozono en Estados Unidos y Europa, la tendencia va a ser lo contrario en África y partes de Asia, países de rápido crecimiento.
El cambio climático también podría acelerar las cosas.
En las zonas de África con altas emisiones de combustibles fósiles y quema frecuente de bosques o pastizales, las nuevas investigaciones sugieren que las temperaturas más cálidas podrían empeorar el problema, ya que pueden acelerar las reacciones químicas que crean el ozono.
Si bien las investigaciones han revelado que el trigo norteamericano suele verse menos afectado por el ozono que sus homólogos europeos y asiáticos, se han realizado menos estudios sobre las versiones africanas de los mismos cultivos que, a lo largo de décadas de cultivo, se han adaptado mejor a esos entornos.
Una vez cada dos semanas, en un mercado de Nairobi, los agricultores del campo llevan muestras de sus cultivos enfermos a un “médico de plantas” con la esperanza de determinar qué está afectando a sus rendimientos.
“Muchos de los síntomas (del ozono) pueden confundirse con daños causados por ácaros u hongos”, explica la entomóloga de CABI Lena Durocher-Granger. “Los agricultores pueden seguir aplicando fertilizantes o productos químicos pensando que se trata de una enfermedad, pero es la contaminación por ozono”.
Su organización colabora con el UKCEH para ayudar a la gente a identificar los signos de estrés por ozono y recomendar soluciones, como regar menos en los días de alto nivel de ozono. El riego puede dejar los poros de las hojas muy abiertos, lo que hace que las plantas absorban aún más ozono.
CULTIVOS RESISTENTES
En sus invernaderos de Gales, Hayes exponía los cultivos de una cúpula a la cantidad más baja -30 partes por billón-, similar al entorno del norte de Gales. En la cúpula con el mayor nivel de ozono, las plantas recibían más del triple de esa cantidad, imitando las condiciones de contaminación del norte de África.
Hayes y sus colegas han descubierto que ciertos alimentos básicos africanos se ven más afectados que otros.
En una cúpula llena de una cantidad media de ozono, las plantas de trigo norteafricanas pasaron rápidamente del verde al amarillo en pocos meses.
“Se obtienen granos diminutos y delgados que no tienen todas las partes buenas, mucha cáscara en el exterior y no tantas proteínas ni valor nutricional”, dijo Hayes.
Esto concuerda con la investigación que su equipo publicó el año pasado sobre los cultivos de plantas subsaharianas, según la cual la contaminación por ozono podría estar reduciendo el rendimiento del trigo subsahariano hasta en un 13%.
Las judías secas podrían salir peor paradas, con pérdidas de rendimiento estimadas de hasta el 21% en algunas zonas, según el mismo estudio, publicado en Environmental Science and Pollution Research.
“Las alubias son una fuente de proteínas muy útil en África, y los agricultores de subsistencia las cultivan en gran cantidad”, afirma Katrina
Sharps, analista de datos espaciales del UKCEH.
El mijo subsahariano, sin embargo, parecía más tolerante al ozono. Sin embargo, África produjo aproximadamente la mitad de mijo que de trigo en 2020.
“Si el suelo y las condiciones de cultivo son adecuados”, dijo Sharps, “los agricultores de subsistencia pueden considerar cultivar más mijo”.
Reportaje de Gloria Dickie; edición de Katy Daigle, Marguerita Choy y Bill Berkrot
Los bajos niveles de fertilización de Argentina, permitirán duplicar los niveles de nutrición de cultivos para cerrar brechas de rendimiento y sin riesgo ambiental.
Buenos Aires, 13 de agosto (PR/22) .- En la tarde del segundo día del 30° Congreso de Aapresid, Juan Pablo Monzón (CONICET) se refirió a su último trabajo enfocado a brechas de rendimiento y brechas de nutrientes.
Para contextualizar, habló de la fuerte tensión entre demanda y oferta en el mundo actual. Explicó que, por un lado, hay una explosión en la demanda de alimentos debido a cambios demográficos y dietarios. Las herramientas para reducir la demanda en el corto plazo, disminuyendo las pérdidas, cambios en la dieta, etc. han demostrado muy poco. Por otro lado, las tasas anuales de ganancia de rendimientos NO son suficientes para satisfacer la demanda futura en la tierra cultivada actualmente. Con lo cual, la única vía para cubrir la demanda es aumentar los rendimientos.
Respecto a ese punto, Monzón disparó “Satisfacer la demanda futura de alimentos sin expansión masiva del área cultivada va a requerir de una intensificación sustentable de los sistemas de producción de cultivos, de tal manera que cada hectárea de tierra cultivada produzca cerca de su potencial, minimizando el impacto ambiental y preservado los recursos naturales, suelo y agua”.
Luego, el investigador del CONICET definió el concepto “brecha de rendimiento” entendido como la diferencia entre el rendimiento actual y el potencial. “Alcanzar un 70% del rendimiento potencial es un objetivo razonable y viable económicamente”, acotó. Poniendo algunos números de los principales cultivos de Argentina, indicó que la brecha en maíz y trigo es de 41% y en soja 32%.
Sosteniendo que el requerimiento de nutrientes se incrementa con el nivel de rendimiento, mostró la respuesta de maíz a la nutrición nitrogenada. “En un planteo sin riego, con 120 kg/ha de nitrógeno (N) se logran 7,8 Ton/ha, y con 180 kg/ha de N el rendimiento asciende a 10 Ton/ha. En un maíz regado en Nebraska (EEUU), el promedio actual es de 13 Ton/ha de maíz con 220 kg/ha de N. Esto demuestra una eficiencia media de 60 kg grano por kg N, pero decrece con mayor rendimiento”.
“¿Es posible para Argentina cerrar la brecha de rendimiento explotable, de una manera sostenible, con el uso actual de fertilizantes?”, cuestionó Monzón. Para responder esa pregunta, se valió del estudio que vienen realizando en nuestro país junto a distintas instituciones, el cual demuestra que los balances de nutrientes (promedio de dosis fertilizante – remoción de nutrientes grano) en nitrógeno, fósforo y azufre en los distintos cultivos son negativos.
Juan Pablo Monzón
Al respecto, remarcó “Las dosis actuales de nutrientes no son suficientes para cerrar la brecha de rendimientos y los balances de nutrientes sugieren exportación neta en muchos casos. Cerrar la brecha de rendimiento, sin comprometer la calidad del suelo, va a requerir de un aumento substancial en el uso de fertilizante”. Validaciones que realizaron a campo indican que, un mayor uso de nutrientes vía fertilizantes, permitieron aumentar los rendimientos de maíz (15%), trigo (22%) y soja (13%).
Sumando soluciones para maximizar los rendimientos y al mismo tiempo cuidar el medio ambiente, Antonio Cavaglia (SURCOS) dijo “Un escenario limitante incentiva a ser más eficientes con las herramientas que hoy tenemos, disminuir el impacto ambiental, medirlo y cuantificarlo”.
Frente a ese desafío, y poniendo sobre la mesa la problemática de malezas, la falta de ingredientes activos nuevos, la tendencia de aumento de biotipos resistentes, sumado a las pérdidas de productos en la aplicación, Surcos tomó el compromiso de medir y comunicar la manera correcta en el uso de formulaciones, a partir de indicadores de impacto ambiental.
Según explicó Cavaglia, una de estas herramientas es el índice EIQ (Coeficiente de impacto Ambiental) desarrollado por la Universidad de Cornell (EEUU), el cual organiza e integra, en una plataforma on-line, la información relacionada con la toxicidad de los productos. Da a los agricultores datos sobre los impactos de los fitosanitarios sobre el ambiente y la salud de los consumidores y usuarios. Además, permite tomar mejores decisiones en la elección de los químicos y dosis a usar.
El otro indicador es el RIPEST desarrollado por la Catedra de Cerealicultura de la FAUBA. Concretamente es un modelo de simulación que pronostica el riesgo ambiental del uso de fitosanitarios que está acoplada con pronósticos meteorológicos, permitiendo saber, además, los horarios más convenientes de aplicación. Según aclaró el representante de SURCOS, PRORIPEST expresa los valores de riesgo ambiental a través de 4 indicadores específicos: Riesgo agua superficial, Riesgo agua subterránea, Riesgo suelo y Riesgo aire. Pudiendo
“El empleo de estos indicadores te permitirá ver la toxicidad y el riesgo de los fitosanitarios, y seleccionar los herbicidas, insecticidas y fungicidas que tengan el mejor comportamiento ambiental. No todos son iguales”, concluyó Cavaglia.
Buenos Aires, 12 de agosto (PR/22) .- De un suelo vivo depende la sustentabilidad de nuestros agroecosistemas. Sin embargo, el rol de los protagonistas biológicos subterráneos es muchas veces ignorado. Referentes compartieron los secretos de este sorprendente “inframundo” y cómo alimentarlo y manejarlo para mantener la salud del suelo.
Miércoles 10 de Agosto
Prensa Aapresid
Como broche de oro de una jornada a puro “suelo abierto” el panel convocó a expertos referentes para hablar de la biología de este recurso. Un aspecto muchas veces olvidado, pero imposible de pasar por alto si se quiere apuntar a sistemas agropecuarios más sustentables. La cantidad y calidad de alimento que necesitamos cada vez es mayor, abastecimiento que dependerá de un suelo saludable.” Así, el hombre debe intervenir para cuidar la vida de este recurso y manejarlo correctamente con tecnología y conocimiento”, así abría la charla Jorge Romagnoli (Presidente Honorario Aapresid).
Si hablamos de proteger los suelos, es urgente actuar también sobre aquellos amenazados por inundaciones, erosión o salinización por ejemplo, para frenar su degradación, y eventualmente poder recuperarlos. Experiencias a campo, realizadas por Romagnoli y equipo en el sudeste de Córdoba, mostraron que es posible revertir daños a fuerza de ambientación y manejo enfocado alimentar a la biología del suelo. “El ambiente suelo tiene un gran peso para poder amortiguar cuestiones climáticas adversas y sostener buenos rendimientos”. Por ello, “tenemos que poner energía en entender los procesos biológicos en pos de una sustentabilidad creciente para que la humanidad siga avanzando y prosperando”
“Tenemos un universo bajo nuestros pies. El 25% de la biodiversidad del planeta está en el suelo, pero solamente la conocemos en un 40%”, arrojó Marie Bartz, Docente e Investigadora de la Universidad de Coimbra, Portugal y del Centro de Agricultura Orgánica y Regenerativa. Dentro de su diversidad, el suelo contiene microorganismos y meso y macrofauna; esta última abarca más de 40 grupos, como hormigas, lombrices, arácnidos, isópodos, milípedos, larvas, termitas, geófagos y turbadores, entre muchos otros. Estos organismos brindan y sostienen servicios ecosistémicos en el suelo tales como: mantener la estructura, hacer intercambio de gases, secuestro de Carbono, contribuir al ciclo de nutrientes, desintoxicar el suelo, descomponer la materia orgánica, controlar plagas, parásitos y enfermedades”, ennumeró la especialista. Como si esto fuera poco, también interfieren en las relaciones simbióticas con las plantas y con otros organismos, y controlan el crecimiento vegetal.
Sin embargo, estos seres vivos no pueden trabajar solos, deben hacerlo en equipo e interconectados, y para elo es necesario garantizar un entorno enriquecido, diverso y equilibrado. “Un perfil que infiltre bien, mantenga los nutrientes, que logre captura de Carbono y mucha materia orgánica, sólo es posible si la biología del suelo se conserva”. Para lograr calidad y salud del suelo, debemos mantener este sistema con todos sus engranajes y bien aceitados, concluyó.
Luego, el panel dio paso a Luis Wall (CONICET), docente e investigador de la Universidad de Quilmes, investigador principal del Conicet, y miembro de la mesa de expertos de la Chacra Pergamino-Colón. Haciendo foco en la microbiología del suelo, señaló que “en 1 gramo de suelo hay más bacterias que seres humanos en el planeta”, a lo que se le suma una cantidad enorme de hongos, virus y protistas. Aunque se trata de organismos microscópicos, en términos de biomasa se llevan todos los aplausos, ya que concentran la mayor proporción de Carbono (luego de las plantas) a tal punto que el 50% de la biofertilidad del suelo, está formada por biomasa microbiana muerta.
Este mundo diminuto es responsable de la transformación de la materia, es decir, celulosa, quitina, proteínas, lípidos, en pequeñas moléculas. “Hemos encontrado que las actividades enzimáticas se aceleran cuando aumenta la actividad de uso de suelo y su calidad”. Otra función importante de la microbiología es generar estructura, gracias a que estos organismos exudan numerosas sustancias extracelulares que actúan como pegamento natural de las partículas minerales y otros restos. En ese sentido, la intensificación agrícola, al aumentar la actividad biológica, aparece como una estrategia para mejorar la condición física del suelo, combatiendo problemas de laminación por ejemplo. La tercera pata o función biológica es generar interacción entre todos los componentes biológicos del suelo. “Cuando el sistema está más interconectado es más resistente y resiliente. Tenemos que lograr aumentar esas conectividades e investigar quiénes son los influencers de esas redes sociales, para saber qué Messi o Maradona agregarle al suelo para que arme el partido”, comparó.
En un círculo virtuoso, niveles bajos niveles de nitrógeno y fósforo, estimulan la actividad biológica para recircular más materia orgánica. Por ello, hay que ser cuidadosos a la hora de proveer “nutrición fácil” con fertilizantes, porque pueden inhibir las interacciones. La salud del suelo determina en última instancia la calidad de los alimentos que se generan a partir de las plantas. “El hombre, por lo tanto, es responsable de recuperar, cuidar y manejar el recurso con intensificación, diversificación de cultivos y monitoreando su biología a lo largo del proceso”, resumió.
Al final de la jornada, Marcelo Arriola, asesor y Director Adjunto del Sistema de Chacras de Aapresid, dio cierre al panel. “El monocultivo y el exceso de barbechos hace que hoy tengamos una gran cantidad de problemas físicos en los suelos”. Frente a esto, la solución no viene de la mano de mover el suelo con labranzas. Esta práctica no hace más que aumentar fuertemente la combustión, la superficie de exposición de sus agregados, aumentando su oxigenación. Si bien inmediatamente esto provoca un rápida disponibilidad de nutrientes, el lado “B” es que se liberan partículas finas, por ejemplo de limo, que van formando estructuras laminares y capas densas que agravan la situación.
Muy distinto es hacerle frente a los problemas con una batería diversa de cultivos, incluyendo gramíneas en la rotación, favoreciendo la agregación biológica, gracias en parte a la acción de Globulinas. La Chacra Pergamino, en 9 años de experiencia, puede dar fe de esto: “a medida que intensificamos más, damos más comida al suelo, más Carbono, por ende más macro agregación, y empieza a haber reconstrucción de suelos”. “Necesitamos ya empezar a pensar fuertemente en diversificación, en cultivos de servicios, el problema es físico pero la solución es absolutamente biológica”, cerró.
Este libro es el resultado de cuatro viajes de su autora, Matilde Fierro, a la parroquia de Medjugorje, en Bosnia Herzegovina, donde se aparece la Virgen María como la Reina de la Paz desde 1981.
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