Investigadoras argentinas impulsan la biofertilización en Etiopía

Investigadoras argentinas impulsan la biofertilización en Etiopía

En el marco de un proyecto de cooperación internacional, un equipo de especialistas del INTA, del Instituto de Biotecnología Etíope (EBTI) y del Conicet trabajan en la obtención de un biofertilizante a partir de bacterias y hongos benéficos para los cultivos, con el objetivo de reducir el uso de fertilizantes sintéticos en la agricultura y mejorar la productividad.

Buenos Aires, jueves 19 diciembre (PR/24) — En el marco de un proyecto FO.AR, técnicos del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola (IMyZA) del INTA, el Instituto de Biotecnología Etíope (EBTI) y el Conicet lograron aislar diversas cepas bacterianas del género Bacillus y hongos micorrícicos para reducir el uso de productos químicos en la agricultura.

Resultados preliminares sugieren que la combinación de estos microorganismos nativos constituye una opción prometedora para la formulación de biofertilizantes, los cuales podrían contribuir a reducir el uso de fertilizantes sintéticos y mejorar la productividad en diversos cultivos de interés agrícola-forestal para el país.

El empleo de microorganismos benéficos como principio activo de los biofertilizantes se ha consolidado como una estrategia clave para fomentar el crecimiento, mejorar el desarrollo y optimizar la nutrición de los cultivos. Esta solución adquiere aún más relevancia en un contexto global donde la seguridad alimentaria y la protección del medio ambiente son prioridades.

“Como punto de partida, se recolectaron muestras de suelos de diferentes regiones de Etiopía con el objetivo de aislar hongos micorrícicos”, explicó Mariana Puente, coordinadora del Proyecto FO.AR. e investigadora del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola (IMyZA) del INTA. Los ensayos de interacción se realizaron en macetas que tenían como sustrato suelo sin esterilizar y fueron conducidos en invernáculo.

En este sentido, la investigadora del INTA señaló: “Por un lado, se evaluó la capacidad que presentan estas micorrizas de favorecer el desarrollo y sobrevida en forestales y, por otro, se evaluó de manera conjunta las micorrizas con una Bacillus subtilis (bacteria PGPR) la capacidad de promover el crecimiento en cultivos hortícolas”.

En ambos ensayos se determinaron distintos parámetros relacionados con el crecimiento de los cultivos evaluados, entre ellos, altura de planta, número total de hojas, longitud de las raíces, biomasa fresca y seca de parte aérea y de raíces. También se cuantificó la densidad de esporas en el sustrato, y la colonización y dependencia micorrícica.

“El siguiente paso consiste en realizar ensayos a campo para verificar los resultados obtenidos en condiciones controladas y establecer una colaboración con una empresa del sector para desarrollar bioinsumos a partir de las cepas y consorcios valuados, lo que permitirá llegar a los productores etíopes de manera efectiva”, expresó Puente.

Este proyecto no solo tuvo como objetivo minimizar el uso de insumos químicos mediante el uso de prácticas sustentables, sino también la capacitación de investigadores etíopes en técnicas de aislamiento para la obtención de microorganismos relacionados al desarrollo de biofertilizantes.

Como resultado de las capacitaciones realizadas, se aislaron diversas cepas bacterianas del género Bacillus y hongos micorrícicos. Este material fue utilizado para la realización de numerosos ensayos de interacción planta-microorganismo con resultados que quedaron plasmados en dos publicaciones internacionales: Inoculation of Native Arbuscular Mycorrhizae and Bacillus subtilis Can Improve Growth in Vegetable Crops y Indigenous mycorrhizae from ethiopia improve tree growth and seedlings survival contributing to the green legacy program de Tropical and Subtropical Agroecosystems.

Primicias Rurales

Fuente: INTA Informa

Aspectos a tener en cuenta para la fertilización de soja de segunda

Aspectos a tener en cuenta para la fertilización de soja de segunda

Por Octavio Caviglia : Profesor Titular Cereales y Oleaginosas, Facultad Ciencias Agropecuarias, Universidad Nacioanal de Entre Ríos (UNER). Investigador Principal CONICET

Introducción

Buenos Aires, viernes 6 diciembre (PR/24) — En Argentina, la brecha de rendimiento entre lo alcanzable y lo logrado en soja de primera es de 1,8 toneladas por hectárea (t/ha), mientras que en soja de segunda esta brecha es de 1,6 t/ha. Una de las principales razones detrás de esta diferencia es la falta de reposición adecuada de nutrientes, lo que contribuye significativamente a la brecha entre el rendimiento potencial limitado por agua y el promedio real alcanzado en el país.

A nivel internacional, Argentina presenta una brecha de rendimiento intermedia entre los principales países productores de soja. Por ejemplo, Brasil exhibe brechas mayores según el Atlas Global de Brechas de Rendimiento (www.yieldgap.org) para el período 1990-2021, que ofrece los datos más recientes disponibles.

En soja de primera, la brecha de rendimiento nacional es del 38%, lo que equivale a 1,8 t/ha. Esto significa que, mientras el rendimiento potencial se estima en 4,7 t/ha, el promedio alcanzado es de 2,9 t/ha. Para los cultivos de soja de segunda, la brecha es mucho mayor, asciende al 44%, representando 1,6 t/ha: el rendimiento potencial es de 3,8 t/ha, pero el promedio actual es de apenas 2,2 t/ha. Cabe destacar que estos valores son promedios nacionales y pueden variar significativamente entre regiones productivas.

La fertilización y su impacto en la brecha de rendimiento

Numerosos estudios realizados en Argentina coinciden en que una proporción importante de esta brecha tiene causas nutricionales. El país atraviesa un proceso de minería de nutrientes, donde lo extraído por los cultivos excede considerablemente lo que se repone mediante fertilización. Este desequilibrio ha generado deficiencias marcadas para la soja de fósforo (P), azufre (S) y, en menor medida, de potasio (K) y micronutrientes como boro (B) y zinc (Zn), dependiendo de la zona.

Aunque los avances genéticos han permitido aumentar el rendimiento potencial, estos progresos no han sido acompañados por un nivel tecnológico adecuado, especialmente en términos de manejo nutricional.

En el caso específico de la soja de segunda, que se siembra luego de la cosecha de un cultivo invernal, la fertilización sigue siendo una práctica subutilizada. Existe una percepción errónea de que la fertilización realizada en el cultivo de invierno es suficiente, lo cual no es necesariamente cierto, especialmente en suelos con niveles bajos de fósforo.

Recomendaciones para la fertilización de soja de segunda

Para optimizar el manejo nutricional en soja de segunda, es fundamental considerar las siguientes recomendaciones:

  1. Determinar el nivel de fósforo en el suelo:
    Es necesario medir los niveles de fósforo (P) disponibles en el suelo a una profundidad de 0-20 cm mediante el método Bray 1. Si estos valores son inferiores a 13-16 ppm, la respuesta a la fertilización es altamente probable y económicamente rentable.
  2. Estimar la respuesta del suelo al fertilizante:
    Cada tipo de suelo tiene una capacidad distinta para aumentar su nivel de fósforo con la aplicación de fertilizantes. Por lo general, por cada aumento de 1 ppm en el suelo se requieren entre 2 y 4 kg de P. Es importante calcular la dosis con base en el contenido de P elemental, en lugar de P2O5, que es el valor reportado usualmente en el grado del fertilizante.
  3. Aplicar el fertilizante en el momento adecuado:
    La fertilización debe realizarse durante la siembra, ya que aplicarla antes o después suele ser poco práctico o inviable desde el punto de vista logístico. Es crucial evitar el contacto directo con la semilla, colocando el fertilizante fuera de la línea de siembra. Si esto no es posible, es indispensable respetar los límites de cada tipo de fertilizante para minimizar el riesgo de daños en la implantación.
  4. Corregir otras deficiencias nutricionales:
    Además del fósforo, es importante evaluar y corregir otras deficiencias frecuentes para soja en regiones productivas de Argentina, como las de azufre (S), boro (B), zinc (Zn) y, en algunas zonas específicas, potasio (K). Para abordar estas deficiencias, se pueden utilizar estrategias como fertilizantes complejos a la siembra (starters), aplicaciones en semilla o tratamientos foliares.

Conclusión

La correcta fertilización de la soja de segunda es una herramienta clave para reducir la brecha de rendimiento en este cultivo. Una evaluación precisa de los nutrientes disponibles en el suelo, combinada con estrategias de fertilización adecuadas, puede no solo mejorar la productividad sino también contribuir a la sostenibilidad del sistema agrícola en Argentina.

Primicias Rurales

Por Octavio Caviglia

 

El retraso de la Argentina en fertilización de soja

El retraso de la Argentina en fertilización de soja

Buenos Aires, lunes 9 diciembre (PR/24) — La Argentina está retrasada en fertilización de soja, en comparación con la evolución del cultivo.

No se reconoce que la oferta de nutrientes, principalmente fósforo, es un factor que limita la expresión del cultivo y que su limitación cada día es más frecuente.

Así opinó el ingeniero agrónomo Martín Díaz Zorita, premio Fertilizar 2024,  en diálogo con Primicias Rurales  al señalar que “incorporamos mejoras para producir más, pero no siempre estamos acompañando esa mejora con los recursos para que se pueda expresar en forma normal, significativa. Así ocurre por ejemplo con relación al fósforo”.

“Después, en el lado de la nutrición con nitrógeno, Argentina tiene, a diferencia de otras partes del mundo, un reconocimiento muy importante del valor de inocular, es decir, de incorporar microorganismos rizobios que ayudan al aprovechamiento del nitrógeno del aire y acompañamiento del crecimiento”, añadió.

Esa práctica hoy es muy difundida, casi el 80% o un poco más de los lotes de producción de soja son inoculados con una observación y es que para que ese proceso sea eficiente debe ser siempre es acompañado con la nutrición de otros elementos, cosa que ocurre poco.

“O sea, la fijación biológica funciona si el cultivo crece, si el cultivo crece poco, funciona poco” indicó el investigador del Conicet .

Díaz Zorita es titular en el área de Coordinación Académica de Producción Vegetal con orientación en la asignatura Cereales y Oleaginosas de la carrera de Ingeniería Agronómica de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa.

El también premio 2024 Bolsa de Cereales de Buenos Aires considera que “cuando hablamos de soja, es de un cultivo que está adaptado a crecer en condiciones de fertilidad natural limitada”.

“Es decir que tiene una gran adaptación a crecer en ambientes con complejidades en lo que hace a la oferta de nutrientes. En su forma natural, en su centro de origen, en el sudeste asiático”, indicó.

Explicó que la soja desarrolló algunos atributos, entre esos la capacidad de generar una simbiosis es decir, un vínculo con la microbiología, con microorganismos que le confieren la posibilidad de fijar nitrógeno del aire y autoabastecerse mientras crece.

Eso da la versatilidad de poder encontrar soja en grandes partes del país, en la medida que la oferta hídrica lo permita  y que las condiciones de temperatura también le permitan crecer.

Pero yendo en particular a la nutrición, para que el cultivo crezca, necesita abastecerse de algunos elementos.

“Uno de los elementos más importantes es el fósforo que  tiene como rol central generar condiciones de transporte de energía y es lo que hace que un cultivo pueda crecer en sus raíces y en sus estructuras reproductivas”, expresó.

En el caso de soja y de todas las leguminosas con el fósforo pueden crecer en las estructuras que hacen a la fijación de nitrógeno: la formación de nódulos y su funcionamiento.

Consultado sobre ¿dónde está Argentina en cuanto a la oferta de fósforo?, Díaz Zorita explicó que los relevamientos de los análisis de suelo a través de las redes de mapas de suelo, mapas de fertilidad, coordinados por el INTA con la participación de Fertilizar y otras instituciones, muestran que paulatinamente la cantidad de lotes donde se cultiva, donde se hace agricultura en la Argentina, empieza a tener niveles de fósforo limitantes en forma creciente.

“Es más frecuente encontrar lotes  a los que le falta fósforo para producir en forma adecuada cualquier cultivo, siendo soja el más eficiente, pero ya más del 70% de los lotes donde se siembra soja, son los que necesitan contemplar la fertilización con fósforo para que el crecimiento de la planta no se vea limitado”, apreció.

Según su análisis,  en otras regiones, más puntuales, se suman las limitaciones de dos elementos muy importantes  azufre y boro.

“En todo lo que sea la zona núcleo, todo lo que es el cinturón de cultivos de verano, que está haciendo epicentro en el eje Pergamino-Rosario, desde ahí se amplía norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, los niveles de azufre son limitantes”, aclaró.

Entonces además de tener problemas de fósforo que limitan el crecimiento de la soja, se suma la insuficiencia de azufre para que el cultivo se desarrolle en forma eficiente y por lo tanto se transforme en biomasa es decir en rendimiento.

Y especificó que “en los ambientes más hacia el oeste que son los más arenosos, profundos, drenados, ( es decir que tienen capacidad de movimiento del agua en vertical muy rápido),  encontramos que ante condiciones de estrés hídrico, situación frecuente en todos los veranos, en forma moderada o más intensa, la oferta de un micro elemento que se llama boro tiene el mismo comportamiento, es decir es insuficiente para que el cultivo pueda fijar el número de granos y dar origen a la formación del rendimiento”.

“¿Esto es nuevo ahora?”, se preguntó: “No, eso es natural, lo que tenemos es una adaptación por mejoramiento genético de materiales que tienen mayor potencial de crecimiento, por lo tanto las deficiencias son más evidentes. Necesitan un abastecimiento continuo”, evaluó.

Para el profesional: La nutrición no es sólo cantidad, sino  que es más una  oportunidad.

“Los cultivos necesitan elementos que hacen la formación de la estructura de la planta, son los ladrillos para que las células construyan la estructura que va a dar origen a lo que queremos cosechar, que es el grano, y cuando las posibilidades de crecer, es decir, tolerar el estrés hídrico, diferencias de golpe de calor, de temperatura, muestran adaptación a las distintas regiones, la nutrición empieza a ser cada vez más relevante”, consignó.

El porqué de este comportamiento es porque el cultivo se adapta a factores de estrés del ambiente y por lo cual pequeñas diferencias o deficiencias en la oferta temporal oportuna de los nutrientes empiezan a tener un peso relativo y más importante que lo que pasaba en el pasado, cuando ese crecimiento no era tan continuo.

La agricultura se adapta a las condiciones ambientales,  esa adaptación no es acompañada con las condiciones naturales de los suelos, por lo cual la tasa, la velocidad, la oportunidad de necesidades de nutrientes, comienza a ser creciente.

“En soja en particular, fósforo es clave, lamentablemente sabemos que más del 70% de los lotes que se siembran de soja necesitan fertilización con fósforo, pero ese nivel de fertilización es inferior ¿Cuán inferior? En algunas regiones es entre un 10 y un 15%, y en otras es más del 50”, consideró Díaz Zorita, quien también es productor agropecuario.

En regiones de los bordes de la región pampeana, todo lo que  constituye la zona semiárea subhúmeda, el uso de fertilizantes fosfatados no alcanza a cubrir más del 50% de los lotes que necesitarían ser corregidos.

“Hay una costumbre que es no reconocer la importancia de la nutrición como un pilar a la construcción del rendimiento y sólo verlo como una cuestión financiera de oportunidad”, estimó.

El costo de aprovechamiento del agua es muy sensible.

“En regiones semiáridas o regiones subhúmedas, la variabilidad de rendimientos asociados a la variabilidad de lluvias genera incertidumbre y  la reducción de costos es una práctica frecuente y lo más sencillo de recortar o de obviar en un cultivo es la nutrición”, sostuvo.

El investigador considera que si no hay una concepción integral, de nutrición balanceada no puede haber prácticas efectivas del mejoramiento del cultivo.

Según su análisis, hoy el manejo de la fertilización, parte de un pilar que es el análisis de suelo que permite reconocer el problema de un lote.

“Muy poca proporción de los lotes de soja tienen esa evaluación, algo que nosotros insistimos, que pedimos, que pregonamos. Las redes de ensayos de fertilización que tenemos de estrategia nos muestran que aquéllos que diagnostican el análisis de suelo en condición limitante, y corrigen en consecuencia esa limitación, están aumentando su nivel de entre un 15 y un 20% por sobre lo que hacen naturalmente que es no fertilizar o hacerlo en dosis subóptimas”, manifestó.

Considera que esa mejora, prácticamente en forma independiente del nivel de productividad alcanzado, está dentro de una relación insumo-producto favorable.

“Ese es el punto de partida, reconocer que la nutrición desde el inicio es importante”, precisó.

En diciembre se siembra soja de segunda implantación generalmente sobre su antecesor trigo y según el especialista es necesario incorporar un fertilizante con fósforo porque si no va a transitar su crecimiento en una condición de limitación.

Primicias Rurales

La fertilización foliar como herramienta para mitigar el estrés de las plantas

La fertilización foliar como herramienta para mitigar el estrés de las plantas

El tratamiento de esta condición aporta beneficios clave en cultivos de verano, ayudando a potenciar los rindes frente a condiciones climáticas extremas.

Buenos Aires, jueves 5 diciembre (PR/24) — En cultivos como soja y maíz, el estrés provocado por golpes de calor, heladas, sequía, fitotoxicidad e incluso granizo, es un desafío constante para los productores. Según Adrián Balsa, líder de bioestimulantes de Yara Latinoamérica: “El estrés es inevitable, pero contamos con herramientas que permiten abordarlo desde la prevención y la recuperación para minimizar su impacto en el rendimiento”.

Los bioestimulantes, en combinación con nutrientes, han demostrado ser una estrategia efectiva para mitigar el impacto del estrés abiótico, al reducir la caída en la tasa de crecimiento y mejorar los rendimientos. Ensayos a campo han evidenciado que la aplicación de YaraAmplix BIOTRAC en soja genera, en promedio, un incremento de 250 kg/ha en comparación con cultivos no tratados. Al respecto, Balsa señala: “El tratamiento preventivo al estrés muestra mejores resultados, ya que el cultivo recibe señales adecuadas para estar preparado ante condiciones adversas”.

Cuando el cultivo ya está afectado, las aplicaciones de rescate cumplen un rol fundamental para fomentar su recuperación. En estos casos, se recomienda el uso de YaraVita CROPLIFT BIO, un multinutriente con bioactivadores diseñado para acelerar la regeneración del cultivo tras eventos como granizo, heladas o daños por herbicidas. Según Balsa“Esta solución asegura una recuperación eficiente del cultivo, impulsando su capacidad para compensar pérdidas y maximizar el rendimiento”.

Finalmente, Balsa subraya la importancia de un enfoque integral: “La clave para enfrentar el estrés abiótico está en una combinación de tecnologías que integren bioactivos, nutrientes y un manejo oportuno. Sólo así se logra sostener el potencial de rendimiento, logrando cultivos más resilientes ante condiciones adversas”.

Primicias Rurales
Fuente: Yara Latinoamérica
La mejor estrategia para aumentar la productividad del cultivo de maíz

La mejor estrategia para aumentar la productividad del cultivo de maíz

Por Esteban Ciarlo, Cátedra de Edafología, Facultad de Agronomía de la UBA y María Fernanda González Sanjuan, Fertilizar Asociación Civil 

Buenos Aires, lunes 2 diciembre (PR/24) — La agricultura enfrenta en la actualidad desafíos significativos en la búsqueda de prácticas sostenibles que optimicen la producción de cultivos mientras preservan la salud del suelo y el cuidado del ambiente. Entre estos cultivos, el maíz (Zea mays) ocupa un lugar preeminente debido a su importancia económica y alimentaria a nivel global.

La importancia del maíz como cultivo en la Argentina está fuera de discusión. Su productividad ha sido potenciada por los constantes avances en la genética y en la mejora en aspectos de manejo como la densidad y fecha de siembra, lo que determina una gran competitividad de los productores locales de maíz a escala global.

Sin embargo, esta tendencia creciente de aumentos en los rendimientos deriva en una mayor necesidad de nutrientes, que son los ladrillos con los cuales se construye biomasa primero y grano después. Hoy en día las brechas de producción entre lo alcanzable y lo obtenido son cercanas al 40%, y gran parte de esa brecha se puede explicar por una cantidad insuficiente de nutrientes disponibles, generando con mucha frecuencia condiciones de lucro cesante por cultivos que rinden por debajo de su potencial. Estas brechas de rendimiento podrían aumentarse de continuarse con una reposición de nutrientes que dista de ser ambientalmente sostenible, lo que provoca adicionalmente efectos colaterales como la disminución de la materia orgánica de los suelos.

“Los ensayos cuentan en todos los sitios con al menos 4 tratamientos que corresponden a diferentes estrategias de fertilización según criterios de aplicación de NPS y micronutrientes”

Un aspecto crucial en la producción de maíz es, por lo tanto, la práctica de fertilización, que ha demostrado tener un impacto significativo en sus rendimientos. Numerosos estudios han demostrado que la aplicación de nutrientes esenciales, como nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y zinc (Zn), aumentan notablemente el rendimiento de maíz. Estos nutrientes son fundamentales no sólo para el crecimiento de la planta, sino también para el desarrollo del grano. Por ejemplo, el nitrógeno es conocido por su papel en la síntesis de proteínas, mientras que el fósforo es esencial para el desarrollo adecuado de raíces y el aprovechamiento de la energía que se genera a partir del proceso de fotosíntesis. Por lo tanto, la práctica de fertilización es clave para lograr transformar ese potencial en kilos de grano, que serán luego transformados en una variedad muy grande de destinos posibles, desde forraje hasta la fabricación de biopolímeros o biocombustibles.

Existe por otro lado cierto consenso técnico y base teórica disponible que respalda la idea de que cuando se diseñan estrategias de fertilización de largo plazo, que contemplen mínimamente la reposición de los nutrientes extraídos durante varias campañas de producción, las respuestas a la fertilización son más consistentes y estables que cuando la fertilización se da en pulsos aislados, sólo para algunos cultivos y con dosis que no cubren la reposición de los nutrientes extraídos.

Este trabajo pretende explorar y dar ejemplos concretos de la respuesta del rendimiento de maíz a la práctica de fertilización a largo plazo, especialmente cuando esta es balanceada en nutrientes, considerando los beneficios de esta práctica agronómica.

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En principio, la fertilización a largo plazo se refiere a la aplicación periódica y sistemática de nutrientes al suelo, con el objetivo de mantener o mejorar la productividad de los cultivos. Diversas investigaciones han indicado que la aplicación adecuada y equilibrada de fertilizantes a lo largo del tiempo puede resultar en incrementos sostenidos en el rendimiento de maíz. Sin embargo, estos incrementos no son solo el resultado de la aplicación de nutrientes, sino también de la mejora en la calidad del suelo, ya que la fertilización adecuada puede fomentar la actividad microbiana, aumentar la materia orgánica y mejorar la porosidad del suelo y de esa manera regular la retención de agua en el suelo.

Con dos ejemplos puntuales se intentará demostrar el efecto positivo acumulado de la fertilización de maíz con estrategias de fertilización balanceada: i) Ensayos de la Red CREA Sur de Santa Fe – IPNI y ii) la red de Estrategias de Nutrición de Largo Plazo de FERTILIZAR AC.

Los datos aquí presentados corresponden al informe de maíz que hizo el grupo CREA sur de Santa Fé, con la colaboración de IPNI Cono Sur y el auspicio de Agroservicios Pampeanos (ASP), pertenecientes a la Red de Ensayos de Nutrición de Cultivos (Boxler y Col., 2015). Uno de los objetivos generales de la Red era determinar respuestas (directas y residuales) de los cultivos dentro de la rotación a la aplicación de nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y otros nutrientes en diferentes ambientes de la región.

“Las disparidades en los niveles de PBray-1 entre tratamientos se pueden atribuir tanto a los efectos residuales de las aplicaciones de fósforo como a las diferentes tasas de extracción del nutriente por parte de los cultivos”

Los dos ensayos que se reportan en este informe se establecieron en lotes bajo siembra directa de varios años ubicados en establecimientos de grupos CREA de la región Sur de Santa Fe, en la provincia de Santa Fe, en la campaña 2000/01. Desde 2000/01, la rotación establecida en los dos sitios es maíz – soja de primera – trigo/soja de segunda (M-T/Sj). Los seis tratamientos establecidos son similares en ambos sitios. Los mismos se repitieron anualmente siempre sobre las mismas parcelas. La cantidad de nutrientes y los fertilizantes aplicados a la siembra del maíz en la campaña 2014/15 se indican en la Tabla 1.

Tabla 1. Tratamientos de fertilización establecidos en los sitios bajo rotación M-T/Sj. Región CREA Sur de Santa Fe. Maíz. Campaña 2014/15.

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Con respecto al efecto de los tratamientos sobre los suelos, se observaron efectos residuales sobre el suelo pre-siembra de fertilizaciones fosfatadas anteriores en los tres sitios sobre el nivel de fósforo extractable por extractante Bray & Kurtz 1 (PBray-1), principalmente en el estrato superficial (0-20 cm; Fig. 1). También se registraron efectos residuales de la fertilización con S sobre los niveles de S-sulfato en todo el perfil analizado en ambos sitios. Asimismo, se observó residualidad de fertilización nitrogenada sobre los niveles de N-nitrato en San Alfredo.

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Fig. 1. Distribución de la concentración de PBray-1, S-SO4-2, N-NO3, hasta 100 cm de profundidad en presiembra para tratamientos selectos en los sitios bajo rotación M-T/Sj. Campaña 2014/15.

En los sitios de Balducchi y San Alfredo, se observó una significativa acumulación de fósforo debido a la aplicación de este elemento, principalmente en la capa superficial del suelo (0-20 cm), con incrementos entre los tratamientos NPS y NS del 604% y 463%, respectivamente para ambas localidades. El análisis de la dinámica del fósforo reveló que en el tratamiento NPS, los niveles de PBray-1 en la capa superficial aumentaron consistentemente a lo largo de 15 campañas agrícolas (Fig. 2).

Las disparidades en los niveles de PBray-1 entre tratamientos se pueden atribuir tanto a los efectos residuales de las aplicaciones de fósforo como a las diferentes tasas de extracción del nutriente por parte de los cultivos. Esta residualidad representa un aspecto positivo para la mejora de la fertilidad del suelo, evidenciando la viabilidad de estrategias de fertilización que permitan incrementar y mantener los niveles de fósforo disponible.

Adicionalmente, es relevante señalar que el efecto residual del fósforo se extiende más allá de la capa superficial, probablemente como resultado de la movilización del nutriente por el sistema radicular de las plantas durante el período experimental.

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Fig. 2. Evolución de P Bray (0-20 cm), desde el establecimiento de los ensayos bajo rotación M-T/S, en los tratamientos sin fósforo (NS) y con fósforo (NPS).

Con respecto a los rendimientos, las diferencias de los tratamientos fertilizados con respecto al testigo fueron consistentes y se mantienen en el tiempo. En términos relativos, las diferencias entre los tratamientos de fertilización parecen irse incrementando respecto a años anteriores, especialmente en el sitio de Balducchi (Fig. 3), un sitio con una larguísima historia agrícola y de menor potencial ambiental que el sitio San Alfredo. Este incremento demuestra la caída en los rendimientos del tratamiento Testigo por la pérdida de fertilidad.

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Fig. 3. Evolución de los rendimientos promedio de maíz para los seis tratamientos en los sitios bajo rotación M-T/Sj.

Se establecieron en este caso módulos de evaluación de larga duración en condiciones de producción representativas de sistemas agrícolas pampeanos y del NOA y NEA en 18 sitios en total desde el año 2016. Los ensayos cuentan en todos los sitios con al menos 4 tratamientos que corresponden a diferentes estrategias de fertilización según criterios de aplicación de NPS y micronutrientes (Tabla 2)

Tabla 2. Definición y criterios usados para los tratamientos de Estrategias de fertilización.

    Criterios de fertilización
Trt. Descripción P N S Micronut.
1 Testigo No No No No
2 Frecuente Media regional (encuestas) Media regional (encuestas) No No
3 Mejorado Demanda para rto. medio Demanda para rto. medio Demanda para rto. medio No
4 Completo Demanda para rto. potencial Demanda para rto. potencial Demanda para rto. potencial Si

Según los cultivos y regiones, Fertilizar AC definió las dosis precisas de recomendación de fertilización para cada uno de los tratamientos (Tabla 3), que fue discutida con cada uno de los referentes técnicos de cada localidad.

Tabla 3. Rango de dosis de nutrientes (N, P, S y Zn) aplicados en las diferentes estrategias de fertilización, expresadas en kilogramos de nutriente por hectárea.

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En promedio para todos las campañas y sitios evaluados, la respuesta del cultivo de maíz, considerando a los maíces tempranos y tardíos en forma conjunta, osciló entre un 20 y un 43% de aumento (Fig. 4).

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Fig. 4. Rendimiento relativo de maíz temprano y tardío de 27 sitios en 8 campañas en respuesta a diferentes estrategias de fertilización.

No obstante, la respuesta no es igual en cualquier momento desde que se inicia la aplicación de determinada estrategia; con los mismos datos de esta red pudo determinarse que la brecha de rendimientos se incrementa a medida que avanzamos en la secuencia (Fig. 5),

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Fig. 5. Evolución del rendimiento relativo (RR) del cultivo de maíz en diferentes momentos de la secuencia desde que se inician las aplicaciones correspondientes a las diferentes estrategias. Solamente se muestran las respuestas a partir del año 3.

Estas tendencias en el tiempo pueden interpretarse de dos maneras: i) los suelos fertilizados van ganando calidad ambiental y se van tornando más, lo cual se relaciona probablemente con mayores niveles de nutrientes y materia orgánica de los suelos, o ii) los suelos no fertilizados se degradan y el requerimiento de nutrientes para cumplir las demandas nutricionales de los cultivos es mayor. Esta última perspectiva es confirmada cuando se observan como se modifican los mapas de nutrientes y MO luego del uso agrícola con los niveles de fertilización actuales que tienen los suelos productivos (Sainz Rozas y col., 2019, 2023, Fig. 6). El mantenimiento de la MO y de los nutrientes de los suelos es clave para que el mismo puede seguir contribuyendo con los servicios ecosistémicos que la sociedad requiere.

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Figura 6. Mapa de materia orgánica (MO %) en suelos del NOA y NOA en condiciones prístinas (izquierda) y luego del uso agrícola (derecha). Tomado de Sainz Rozas y Col., 2024.

A pesar de los claros beneficios productivos, es claro que la fertilización a largo plazo debe responder a un plan de manejo profesional que contemple, más allá de las cuestiones económicas, la relación existente entre la oferta y la demanda de los nutrientes. En ese sentido, el análisis de suelos es la herramienta básica que permite diagnosticar con precisión las necesidades reales de nutrientes que son probables que el cultivo requiera.

Cabe destacar que el análisis de suelos es una herramienta de muy bajo costo, que además de informar sobre la disponibilidad de nutrientes, provee información clave en referencia a la salud del suelo, como pueden ser los valores de pH, conductividad eléctrica (indicadora de salinidad) y los niveles de materia orgánica. También existen otras tecnologías para ir monitoreando el estado nutricional del cultivo durante su crecimiento, como por ejemplo, sistemas basados en sensores remotos o medidores de verdor que permiten monitorear con precisión el estado nutricional del cultivo durante su crecimiento e implementar estrategias caso-específicas para ajustar las dosis casi en tiempo real.

Conclusión

Estrategias de fertilización balanceada que consideren los efectos de largo plazo conducen a mejoras continuas en los sistemas productivos estabilizando los rindes en pisos más altos de productividad.

La combinación de mayor estabilidad con mayor productividad puede conducir a modelos de negocios más virtuosos, que tienen como resultado adicional, una mayor reposición de nutrientes y una mayor conservación del recurso suelo, respondiendo al desafío de producir más manteniendo o mejorando la salud de los recursos naturales.

Bibliografía

Boxler Miguel, Fernando O. García, Adrián A. Correndo, Santiago Gallo, Ricardo Pozzi, Matías Salinas, Nahuel Reussi Calvo y Angel Berardo. 2015. Red de Ensayos en Nutrición de Cultivos Región CREA Sur de Santa Fe. Resultados de la Campaña 2014/15: Maíz. Disponible online en:

https://research.ipni.net/research/lacs.nsf/0/1E3D6180D400CCA203257F180057595D/$FILE/Info%20MAIZ%202014-15%20-%20Final.pdf

Sainz Rozas Hernán, Mercedes Eyherabide, Gastón Larrea, Nicolás Martínez Cuesta, Hernán An­gelini, Nahuel Reussi Calvo y Nicolás Wyngaard. 2019. Relevamiento y determinación de propiedades químicas en suelos de aptitud agrícola de la región pampeana. En Actas del Simposio Fertilidad 2019. Rosario, mayo de 2019.

Sainz Rozas, Hernán y col. 2024. Impacto de la agricultura sobre la fertilidad de los suelos del NOA y NEA Argentino. En Actas del XXIX Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo. Catamarca, mayo de 2024.

Primicias Rurales

Fuente: Revista Horizonte A

Con fertilizadoras incorporadas, reducen pérdidas hasta en un 60 %

Con fertilizadoras incorporadas, reducen pérdidas hasta en un 60 %

Un reciente estudio del INTA confirmó que estas máquinas son capaces de dosificar e incorporar de manera eficiente fertilizantes en el suelo, lo que evita la volatilización del nitrógeno entre un 40 y un 60 % y mejora la absorción de nutrientes por parte de las plantas. Se trata de una tecnología clave para incrementar la eficiencia en el uso de los fertilizantes.

 

Buenos Aires, jueves 28 noviembre (PR/24) — La volatilización del nitrógeno, la lixiviación de nutrientes y el escurrimiento superficial son factores clave a la hora de incrementar la eficiencia en el uso de los recursos para reducir las pérdidas en fertilizantes. Según un reciente estudio del INTA, las fertilizadoras incorporadas son una herramienta clave para resolver esta dificultad.

Para Hernán Ferrari -coordinador del grupo Mecanización Agrícola del INTA-, “las fertilizadoras incorporadas son una tecnología fundamental en la gestión eficiente de nutrientes”. Es que, según detalló, “estas máquinas son capaces de dosificar e incorporar de manera eficiente fertilizantes en el suelo, lo que evita la volatilización del nitrógeno entre un 40 y un 60 % y mejora la absorción de nutrientes por parte de las plantas”.

Entre las numerosas ventajas, además, Ferrari señaló que “hasta un 50 por ciento del nitrógeno aplicado puede perderse por volatilización, lixiviación o escurrimiento, lo que representa un desperdicio de los fertilizantes, con el consecuente impacto económico”.

“Las fertilizadoras incorporadas ayudan a mitigar estos problemas al enterrar los nutrientes inmediatamente después de su aplicación”, explicó el especialista del INTA, quien confirmó que “esto asegura que los fertilizantes permanezcan en el suelo, más cerca de las raíces, mejorando su absorción y reduciendo las pérdidas”.

Según estudios recientes, las fertilizadoras incorporadas pueden reducir la volatilización del nitrógeno entre un 40 y un 60 % en comparación con la fertilización superficial. “Si consideramos que, en promedio, se aplican 120 kilogramos por hectárea de nitrógeno en cultivos de granos como maíz o trigo, y que el precio del fertilizante nitrogenado ronda los 0,80 a 1 dólar por kilogramos, las pérdidas por volatilización en sistemas convencionales pueden costar entre 48 y 72 dólares por hectárea. Al reducir estas pérdidas, el ahorro potencial en insumos puede variar entre 19 y 43 dólares por hectárea”, subrayó Ferrari.

Otra causa importante de pérdidas es la lixiviación de nutrientes, particularmente en suelos ligeros o con bajo contenido de materia orgánica. “Con las fertilizantes incorporadas, la eficiencia en el uso de los nutrientes mejora considerablemente”, reiteró el investigador.

Según la FAO, la eficiencia de uso del nitrógeno (EUN) global promedio es solo del 50 %, lo que significa que la mitad del fertilizante aplicado se pierde. Sin embargo, con el uso de fertilizadoras incorporadas, la EUN puede aumentar hasta un 80 %, especialmente en suelos con alta lixiviación.

A su vez, se deben considerar las pérdidas por escurrimiento superficial durante eventos de lluvia que pueden alcanzar entre un 10 y un 15 % de los fertilizantes aplicados en campos sin incorporación. “Al usar fertilizadoras incorporadas, estas pérdidas se reducen casi por completo, contribuyendo a un manejo más eficiente y sustentable de los nutrientes”, reconoció Ferrari.

Una tecnología, numerosas ventajas

Además de incrementar la eficiencia en el uso de los recursos y disminuir las pérdidas en la aplicación de fertilizantes, la fertilizadora incorporada optimiza el proceso de fertilización y libera a la sembradora de esta tarea, incrementando la eficiencia general del sistema de siembra. “Tradicionalmente, la sembradora debe detenerse no solo para recargar semillas, sino también para recargar fertilizantes”, explicó Ferrari.

En la mayoría de los casos, el fertilizante es el insumo que se termina primero, lo que obliga a la máquina a detenerse incluso cuando aún dispone de semillas. Con la fertilizadora incorporada, se estima que se puede reducir el tiempo de detención de la sembradora entre un 15 y un 20 %, dado que no es necesario parar para recargar fertilizantes.

“Cada parada de una sembradora para recargar fertilizante puede llevarse entre 30 y 40 minutos, lo que genera un impacto considerable en la eficiencia operativa”, calculó el investigador del INTA. Si una sembradora realiza varias paradas por día, la suma de estos tiempos muertos puede superar fácilmente las 2 o 3 horas diarias, dependiendo de las hectáreas trabajadas y la capacidad de la sembradora.

Con una fertilizadora incorporada que trabaja de forma independiente, estas paradas se eliminan, lo que se traduce en una mejora directa en la productividad de la sembradora.

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Fuente: INTA Informa